Lunes, 18 de Abril de 2011 12:14 | Redacción
Las empresas farmacéuticas son como la mitológica Hidra que cuando le cortan una de sus mil cabezas le crecen dos nuevas, por eso las demandas colectivas contra sus prácticas fraudulentas resultan una batalla interminable en la que por lo general llevan ventaja.
En el periodo del 2000 al 2003, casi todas las grandes compañías de medicamentos en los Estados Unidos pasaron por los tribunales del país acusadas por prácticas fraudulentas.
Ocho pagaron $2 mil millones de dólares en multas.
| Entre el | De ellas | |
| 2000 y 2003 casi todas las grandes compañías farmacéuticas en Estados Unidos fueron demandadas. | a ocho se les exigió pagar unos $2 mil millones de dólares en multas por prácticas fraudulentas. |
Incluso en cuatro de esas empresas- Tap Pharmaceuticals, Abbott, AstraZeneca y Bayer- reconocieron su responsabilidad por sus actuaciones que llevaron al peligro la salud y vida de las personas.
Cualquier otro bloque empresarial con esas acusaciones y demandas tendría preocupaciones con sus ganancias. Según cifras reveladas por la revista Fortune, de abril de 2005, los márgenes brutos de la industria son del 70 al 90 por ciento y su tasa de ganancia es la más elevada de todas las industrias del país.
Las ganancias de Pfizer, la mayor compañía farmacéutica, fue en el año 2004 del 22 por ciento del total de ventas, significando $53 mil millones de dólares.
Ahí radica el secreto del poder de la hidra moderna. Dinero, mucho dinero, que reparte sin sonrojos en aras de ganar más dinero, en esa suerte de ruleta rusa de apostar con medicamentos sobre las vidas humanas.
El abogado Roberto Rodríguez, destacado litigante y quien representó casos de demandas colectivas contra algunas de esas compañías, como Merck, Bayer, y American Home Products, conoce bien los entretelones con los que juegan esas empresas que disponen de la salud de los consumidores para su provecho personal.
“Una empresa farmacéutica es como cualquier otro negocio en los Estados Unidos. Ellos trabajan con fines de lucro y quieren hacer dinero. Si usted fabrica una droga y sabe que hará $900 millones de dólares y luego lo demandan por $600 millones de dólares, todavía tiene una ganancia de $300 millones de dólares. Simple matemática”, dijo con una sonrisa amarga.
Hay cientos de casos que muestran la mala fe de las farmacéuticas. Un ejemplo durante muchos años Wyeth convenció a las mujeres que si tomaban Prempro, una droga que combinaba estrógeno y progestina, no solo aliviaba los sofocos, la sequedad vaginal y los cambios de humor, sino que prevenían problemas con el corazón, la osteoporosis y el deterioro mental.
Todo fue mentira, por eso un jurado le ofreció $3 millones de dólares a una mujer que demostró que por tomar el medicamento desarrolló un cáncer de mama. En el juicio probaron que Wyeth sabía que la medicina podría provocar cáncer, pero no advirtió a los pacientes sobre el riesgo.
Pero hay más de esos re-juegos donde las empresas pagan dinero, luego de sacar grandes resultados.
La farmacéutica estadounidense Pfizer pagó $894 millones de dólares para llegar a un acuerdo en demandas por sus medicamentos Bextra (Valdecoxib, retirado del mercado en 2005) y Celebrex (Celecoxib, que aún se comercializa).
A Pfizer se les acusó de daños a pacientes y fraude a consumidores. La empresa en aquel momento dijo que el dinero sería pagado a través de tres acuerdos paralelos provisionales, entre ellos uno que resolvía inicialmente demandas en 33 estados y el Distrito de Columbia, relacionadas con las prácticas de comercialización de Bextra.
El laboratorio asumió un cargo y decidió llegar a un acuerdo para eliminar distracciones legales, pero no admitió delito. El cargo incluyó $745 millones de dólares para resolver demandas por perjuicios personales, $60 millones por la acusación del grupo de estados sobre las prácticas de venta de Bextra y $89 millones para resolver demandas colectivas por fraude al consumidor de quienes reclamaron que las promociones de Bextra y Celebrex les causaron perjuicios financieros.
El abogado Rodríguez asegura que en numerosas ocasiones estas empresas se salen con la suya porque, en una gran mayoría de las demandas colectivas, los acusados llegan a un acuerdo donde no admiten responsabilidad.
“Solo en la américa corporativa puede una empresa salirse con este lenguaje exculpatorio tan descarado”, afirma
Hace seis años el Parlamento inglés redactó un informe, luego de una investigación, donde indicaba que las grandes compañías farmacéuticas utilizan sus riquezas y poder para defender sus propios intereses a costa del bienestar, la salud y la vida de otras personas.
Sin embargo a pesar de que todo el mundo sabe de estos desmanes las empresas farmacéuticas no dejan de hacer de las suyas. ¿Cómo puede ser?
Muy fácil, volvemos a su principal arma secreta. Dinero, mucho dinero que sueltan a las dos manos para conseguir sus propósitos. En el año 2000 el lobby de los farmacéuticos en el congreso de los Estados Unidos fue de 297, es decir uno por cada dos congresistas, cifra que aumento dos años después.
Para el año 2002 la industria disponía de 675 lobbysters profesionales, encargados de seducir, tratar y convencer a los congresistas. Ese año, 26 de esos lobistas eran ex parlamentarios, 342 ex trabajadores del congreso y 20 tuvieron cargos directivos.
Ese mismo año de 2002, la suma de las ganancias de las 10 compañías farmacéuticas más importantes superó las de otras 490 empresas que aparecen en la lista de las 500 industrias más provechosas de la industria, según Marcia Agnell
“Las 10 farmacéuticas mas importantes, juntas, tuvieron un beneficio total de $35,9 mil millones de dólares y las restantes 490 empresas, juntas, tuvieron un beneficio total de $33,7 mil millones de dólares”, afirmó
La doctora Marcia Agnell, editora jefe de la revista médica New England Journal of Medicine, escribió en un artículo: “The truth about the drug Companies: how they deceive us and what to do about it. Is the party over”
“Una industria con tal volumen de ganancias es como un gorila de 500 kilogramos: hace lo que quiere”
La también doctora y monja benedictina española, Teresa Forcades, de quien tomamos datos de su ensayo “Los crímenes de las grandes compañías farmacéuticas”, para la elaboración de este material asegura:
“Lo que es preciso es que la política que necesariamente regula el mercado sea una política justa, una política del bien común, una política que tenga en cuenta a todo el mundo y no solo a los más privilegiados”.
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