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| “Alta cirugía” a la banca de inversión |
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La actividad bancaria básica, que consiste en captar depósitos, prestar dinero y organizar el sistema de cobros y pagos es necesaria para el desarrollo del sistema económico y el bienestar social, cuando funciona de forma correcta. Pero la “banca de inversión”, el lado oscuro y viciado del sector financiero, cuya esencia consiste en el trucaje de apuestas y la realización de maquinaciones sistemáticas contra el interés general, es un auténtico cáncer que requiere tratamiento urgente, ser separado de las actividades sanas.
Las exorbitantes retribuciones de sus directivos están ligadas a procesos especulativos de suma cero, donde las ganancias de una parte equivalen a las pérdidas del resto. ¿Cómo es posible que un directivo de una empresa gane 500 veces más que el trabajador que gana menos? Se ha publicado que ejecutivos de Lehman Brothers percibieron 100 millones de euros en plena crisis. ¿En qué puede gastar una persona normal un salario de un millón de dólares sino en realizar nuevas y más perturbadoras maquinaciones en el gran casino financiero? ¿Lo gasta en hacer “lobby” para que nadie limite sus injustificables “ganancias”? ¿Lo “invierte” en comprar acciones de las agencias que tienen que calificar sus operaciones? ¿En sobornar a sus analistas? Acciones solitarias¿Cómo es posible que miles de inversores de Lehman Brothers no hayan cobrado un céntimo de sus inversiones desde septiembre de 2008, mientras que se ha acusado a Barclays Bank de haber obtenido más de 11.000 millones de dólares de beneficios en la compra de activos tras la quiebra y no haya habido ninguna consecuencia? Las prácticas de la “banca de inversión” son abominables y peligrosas, el funcionamiento de los mercados financieros es intolerable y perturbador, como quedó de manifiesto el pasado 7 de mayo, cuando se atribuyó al mero error de tecleado de un operador que introdujo una orden de venta excesiva, una caída del 10 por ciento del Dow Jones. Las agencias de calificación de solvencia adulteran su función porque cotizan en los mercados y están controladas por los propios operadores de ese mercado: los supervisores han demostrado ineficacia y tolerancia con el pillaje financiero y los abusos. Las malas prácticas financieras no son casos aislados y marginales, sino que se han convertido en elementos estructurales: la toxicidad ha pasado a ser el “alma mater” de unos mercados adulterados. Sólo en Alemania y según un estudio citado por la Comisión Europea en septiembre de 2009, los ahorradores pierden entre 20.000 y 30.000 millones de euros anuales por el asesoramiento defectuoso de sus entidades financieras. En cuanto al funcionamiento interno de las propias firmas, desde mediados de los 90 no ha dejado de crecer la lista de simples operadores solitarios que han ocasionado la evaporación de miles de millones sin que nadie se hubiera percatado. Frente a este interminable historial de irregularidades (ver recuadro), los gobiernos se han incapacitado a sí mismos firmando cheques en blanco a favor de los responsables de la crisis, sin exigir garantías y exponiendo al pueblo a peligrosos endeudamientos, en manos de los chantajistas de Wall Street. Es falso que haya ineficiencias en los mercados financieros: la ineficiencia y la asimetría son el centro y el eje del ‘modus operandi’ de los mercados. En el paroxismo de la paradoja, el fraude se ha alzado a la categoría de fundamento del mercado. Pero alguien tiene que decir basta ya a esta cadena de inquietantes y peligrosos despropósitos que amenaza con conducirnos a todos al abismo. Errores catastróficos* Nick Leeson: Quebró en 1995 al banco más antiguo de Inglaterra, el Barings (235 años de historia). Operó –supuestamente- en el mercado de derivados de Singapur (Simex), y las pèrdidas llegaron a 827 millones de libras. * Jérôme Kerviel: Hizo algo similar en el departamento de trading de Société Générale. Las pérdidas se calcularon en unos 4.900 millones de euros, que no alcanzaron para llevar a la bancarrota a la entidad. * Bernard Madoff: “Evaporó” 50.000 millones de dólares durante décadas en las barbas de la SEC. * En 2002, John Rusnak, empleado del Allfirst-AIB Bank, fue acusado de falsificar documentos para encubrir pérdidas de 750 millones de dólares. |








